Capítulo 39: Regalos para casa

Cuando llegas a Filipinas cargado con 80 kilos de equipaje piensas que lo mejor será el regreso porque irás muy ligero. Gran error. Las mismas bolsas llenas de regalos para los filipinos vuelven llenas de regalos por la familia catalana. A esta mercancía imprevista hay que añadir algunos ingredientes típicos de la dieta filipina como el bagoong, una salsa de gambas (¿podridas?) de olor espantoso para cualquier no-filipino que, inexpicablemente, pasa los controles del aeropuerto. ¿Ya no tienen perros?, pienso yo.
Pillo a Didith abajo, en horario de dormir, preparando pequeños paquetes. Montañas de paquetes.

 

– ¿What are you doing, Didith ?

– Labeling (etiquetando)

– Ah

(¿Habré descubierto un nuevo deporte filipino?)

No hace falta ser un gran conocedor de la cultura filipina por saber que todo esto irá a parar a nuestras maletas. Didith ha comprado pequeños obsequios y en todos ellos, uno por uno, escribe en una etiqueta el nombre del destinatario y el suyo propio, precedido por la palabra “from”.

Veo unos cuantos paquetes de “Namnama’s honey banana chips” y Cebu “dried mangoes”. Éstos y otros muchos aperitivos filipinos se pueden encontrar desde hace años en Barcelona. Se lo hago saber a Didith.

– ¡But here only 50 pesos!

– Ah, claro..

La cosa va así: en España tienes que comprar cosas para Filipinas porque “son de calidad” y en Filipinas debes comprar cosas porque “aquí todo es mucho más barato”. La cuestión es regalar.

Muy bien, no puedes negarte a que te llenen la maleta de regalitos, muchos de los cuales no son para tí sino para familiares de… Madrid. Después tendrás el trabajo de hacer llegar todo esto. Pero lo que debes vigilar, por encima de todo, es que todos los paquetes estén herméticamente cerrados.

 

Cuando llegaremos en Manila descubriremos que del bolso de Luz emana un extraño hedor, penetrante y denso. ¡No, no puede ser! Empieza a investigar y… oh, ¡Dios del Cielo! Sí, la Didith se ha osado meter, sin avisarnos, una bolsa llena de… ¡¡¡“dried fish” (pescado seco)!!! En un momento de distracción imperdonable, ha abierto la bolsa, llena de ropa, y ha escondido por ahí este pescado suculento, un sabor que agradecerán con nostalgia los filipinos de Madrid. La ropa de Luz no lo agradecerá tanto.

 

 

 

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados

 

(Capítulo 39 de un total de 44 capítulos del libro, que publicaré hasta enero de 2012)
Próximas entregas: Hasta la vista, Aguitap y El Mall of Asia, por fin

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Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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