Capítulo 35: El síndrome “El show de Truman”

Cuando la estancia en Aguitap empieza a ser rutinaria y uno se da cuenta de las pocas distracciones que tiene a su alcance aparte de visitar a alguien, comer e ir a tomar un baño en el río, decide que podría ir a dar una vuelta por Solsona. Nada, ir y volver. Comprar algo sería un buen pretexto. A ver, en Solsona tampoco hay nada especial que hacer. Pero el viaje ya implica buscar un “tricycle” que te lleve, te toca un poco el aire entre el verde de los campos d’arroz, y así pasas el rato.

Decido que iré solo a Solsona. Pero resulta que la cosa es algo más complicada de lo que parecía. Aquí no hay una parada de triclyes para Solsona o a cualquier ciudad. Lo más habitual es aprovechar uno que acaba de llegar para traer a alguien o… contactar con algún vecino o conocido del barangay que tenga tricycle y nos pueda llevar. Muchos filipinos tienen un tricycle para su uso cotidiano (a veces una familia con tres o cuatro hijos sólo tiene un tricycle para desplazarse y se las ingenian para meterse todos dentro) pero eventualmente lo usan como taxi para sacarse un dinero.

– Espera, que te busco transporte –me dice Didith.

Vaya, parece que aquí no puedo hacer nada por mi cuenta. Veo que envía un mensaje con el móvil.

– ¿A quién se lo envías?

– A Janice.
Janice vive tres casas más arriba. Tardaría menos en andar hasta allí que en teclear el SMS, enviarlo y aguardar la respuesta…

Empiezo a ver que me va a ser difícil escaparme de Aguitap. A parte del transporte, tengo que oír comentarios disuasorios de toda clase.

– ¿Qué quieres comprar en Solsona? Ya te lo traerá otro, no hace falta que vayas…

– ¿Ahora quieres ir a Solsona? Mejor que comas primero. Ya irás después de comer…

“¿Comer, ahora? Pero si acabo de desayunar, prácticamente”, pienso yo. Parece que todo el mundo se ha compinchado para evitar a cualquier precio que me evada del barangay. Tengo una extraña sensación. Yo la definiría como el síndrome El Show de Truman. Miro al cielo a ver si amenaza con caer algún proyector… ¿Y si soy el protagonista de algún programa secreto de la televisión filipina y me están filmando para un reality-show sin yo saberlo? ¿Las montañas del fondo son un decorado?

Bien, finalmente encuentro un tricycle y ningún tifón inesperado me impide  llegar, sólo, a la ciudad. Tampoco choco contra ningún decorado de cartón al final. Solsona existe. Bueno, llamarle ciudad es algo exagerado. Cuando regreso a Aguitap en tricycle, me busco algo de comer, sólo, y hago una buena siesta para acabar de celebrar esta grandiosa jornada de libertad: una viaje de diez minutos para ir a comprar pan de molde.

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados

(Capítulo 35 de un total de 44 capítulos del libro, que publicaré hasta principios de enero de 2012)

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Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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