Capítulo 41: El Mall of Asia, por fin

Pasaremos una noche en Manila. Y no podemos abandonar la capital filipina sin visitar el SM Mall of Asia, que, como ya he dicho, es el más grande del país desde hace pocos meses. Las cifras impresionan pero entrar todavía más. En comparación, el Alcampo me parece una pequeña tienda del Raval barcelonés.

De entrada, hay un detalle que me llama la atención. Además de ocupar una gran superficie, el techo es altísimo. El SM Mall of Asia está pensado de forma que el visitante se sienta como si paseara por otra ciudad, no por unos grandes almacenes. De hecho, los grandes almacenes (SM Departement Store) sólo representan una pequeña parte de todo este edificio.

No hay ninguna sensación de claustrofobia. Todo lo contrario, entrar aquí proporciona una sensación de amplitud, de espacio, de respirar aire limpio. Hay que decir que venimos de Manila, claro está, una de las 20 ciudades del mundo con más problemas de salud derivados de la contaminación (asma, alergias, cáncer de pulmón, neumonía…).

Lo leí hace pocos días en el Philippine Star, en una noticia ubicada casualmente justo al lado de un anuncio de media página de Honeywell, marca de aparatos purificadores de aire para las casas. Más fuerte todavía: el artículo estaba firmado supuestamente por la Organización Mundial de la Salud pero resulta que la segunda mitad del reportaje estaba dedicada a describir todas las prestaciones de cada uno de los modelos de Honeywell…

Éste es el sentido del Super Mall, que los visitantes olviden por unas horas en qué ciudad viven y se paseen a una temperatura agradable. Que se repongan un rato en los bancos de las plazas o se apoyen en las barandillas de los pisos y puedan admirar en el centro un árbol de Navidad gigantesco imaginando que se encuentran en el Lincoln Center o en un centro comercial de París. Familias enteras se hacen fotografías ante un árbol decorado de forma exquisita con centenares de flores rojas y bolas doradas. Me gustaría saber qué factura pagan mensualmente de aire acondicionado. Mantener este espacio fresco mientras afuera el termómetro supera los 30 grados debe costar una fortuna.

Pista de patinaje sobre hielo

Es de suponer que un porcentaje importante de este presupuesto se lo come la pista de patinaje de hielo de la primera planta. Para ayudar a los parroquianos ambientarse, en el fondo han colgado una fotografía gigante de unas montañas nevadas de los Alpes. La gente patina con casco y se hace fotografías con el móvil. Una imagen realmente exótica. Del techo cuelgan unos recortes de papel blanco que imitan copos de nieve.

Justo en frente hay otra mini-ciudad dentro del Mall. Es el denominado Entertainment Mall. Es la zona marcada de color verde en el plano del Mall of Asia (el plano es una herramienta imprescindible para orientarte). Sólo para hacerse una idea, esta zona verde dedicada al entretenimiento incluye boleras y billares, un IMAX Theatre y el Music Hall, donde se organizan conciertos gratuitos.

IMAX, World of Feng Shui y una Breastsfeeding Station”

Esto sólo en la primera planta. En la segunda hay el multisalas SM Cinemas, el Premiere Cine, un IMAX y un escenario central. Estos son los espacios más grandes. Pero después hay decenas de restaurantes y cafeterías, tiendas de discos, de joyas, de muebles, de material deportivo, fotografía, accesorios, salud y belleza, arte, libros, informática… Y locales mucho más especializados, desde el World of Feng Shui o un establecimiento de alfombras persas a una sala especial para que las mamás puedan dar el pecho a sus retoños, la “Breastsfeeding Station”.

La zona verde, no obstante, representa sólo una cuarta parte del Mall. Curioseando un poco por este templo del consumo, nos topamos con una gran tienda de Mango. Tampoco faltan marcas como Calvin Klein, Guess, Levi’s, Lacoste, Marks & Spencer, M. F. & Girbaud… ¡y Zara! Luz me instruye sobre las marcas filipinas, por ejemplo la conocida zapatería Celine. Cuando veo la atracción que experimenta mi mujer hacia las zapaterías empiezo a entender Imelda Marcos.

Espero fuera de la zapatería. Una música brasileña llega suave desde algún rincón. Una pareja de mujeres musulmanas con el pelo cubierto por su hiyab comen en el Kentucky Fried Chicken. Contrastes curiosos. En general me parece observar que los precios no son especialmente asequibles, que digamos. Algunas tiendas son francamente caras.

Starbuck’s Cafe 

Luz cree que éste es el mejor lugar por quedar con una amiga suya de la infancia, Jinky, a la que hace años que no ve. El encuentro promete ser emotivo y tiene lugar en el Starbuck’s Cafe del Mall of Asia. Para mí será toda una experiencia exótica, porque yo no voy nunca a los Starbuck’s.

Jinky, una risueña, simpática y pequeña filipina, nos espera ya a una de las mesas de la terraza. Mientras ellas se saludan, se abrazan y se explican la vida, me fijo en algunos clientes. Una jovencita de falda corta teclea un ordenador portátil. Definitivamente, éste no es el típico bar filipino, para entendernos. Me lo confirman los precios: me cobran 295 Php (4,6 euros) por dos mokas y el té más horrible que he probado en mi vida. Y he probado muchos. Como harían en cualquier Starbuck’s en cualquier parte del mundo, me sumergen un triste sobre de té en un vaso de cartón que debe contener tres cuartos de litro de agua, un sacrilegio que no estoy a tiempo de enmendar aún pidiendo al jovencito de la barra que me vacíe algo el vaso. La cosa ya es imbebible.

El sueldo de un maestro en Filipinas es de tan sólo 9.939 Php (unos 155 euros) al mes y, según una cosa que se llama National Economic and Developement Authority (NEDA), una familia de Metro Manila necesita un mínimo de 19.000 Php para vivir dignamente. Vuelvo a leer el recibo del Starbuck’s y, efectivamente, me han cobrado 295 Php. Me pregunto qué sueldo deben pagar a los chicos de la barra, encantados de trabajar en un lugar tan “fashion”, internacional y cosmopolita…

Entre la agradable conversación con la Jinky y la posterior visita a la tienda de discos se nos hacen las 10 de la noche en el Mall of Asia y nos cierran, literalmente, la persiana. Afuera ya no quedan taxis, hay cola de gente esperando y nos vemos obligados a llamar al del hotel para que nos venga a buscar. Tardará un poco. Cuando llegamos al barrio de Ermita todos los restaurantes de la zona ya han cerrado la cocina. Fantástico.

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados

(Capítulo 41 de un total de 44 capítulos del libro, que publicaré hasta enero de 2012)

Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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