Capítulo 29: Ritual de Fin de Año

Hoy es Fin de Año. A las nueve y media de la mañana hay una misa pero ni que decir tiene que a mí no me verán. Tengo una extraña sensación de resaca (y ayer no tomé alcohol).

Luz tiene otro ataque de choque cultural con su propia cultura: el desorden, la situación familiar, la gente que le pide dinero, etc. le hacen exclamar (a mí, en privado) que le gustaría irse y no volver nunca jamás por aquí. Son momentos calientes típicos de la Navidad, no pasa nada.

Comida y petardos
El día se arregla y nos preparamos para la fiesta: comida y petardos. En la mesa del salón veo que han cumplido con el ritual de esta fecha. Han dispuesto una cabeza de lechón, fruta variada (sandía, mango, manzana, mandarina, plátano) y cuatro botes pequeños iguales que contienen, respectivamente, sal, arroz, azúcar y algodón. Un vaso de agua, arroz con coco y pasas, y una sopa con huevo duro completan este ágape simbólico con el que se recibe el nuevo año para atraer salud y bienestar a la familia.

El último día del año también es tradición meterse monedas en los bolsillos, dejar algunas más en cada uno de los peldaños de la escalera de casa y repartir unas cuantas a los niños. De hecho, se cree que todo aquello que es redondo traerá buena suerte. Por eso cuelgan mandarinas de la puerta principal, por ejemplo. Nanay repite la costumbre de subir al primer piso y echar monedas a los niños que están abajo, los cuales corren y compiten por conseguir la máxima cantidad de dinero entre chillidos y saltos d’alegría.

Se ve que, antiguamente, un día como hoy iban a comer al campo. Ahora el clan de mis suegros tiene la costumbre de reunir decenas de familiares en la plaza del barangay. Es decir, en el campo de baloncesto. Cada uno trae algo que ha cocinado en casa y lo deja sobre la mesa del centro de la plaza para compartirlo después. Acudimos al punto de encuentro y entre todos formamos un corro gigantesco, como si fuéramos a bailar sardanas, pero acabamos cantando.

Un hombre mayor con un guitarrillo aparece de no sé dónde, canta alguna melodía antigua o popular… pero pronto se impone el “Brum tarat, tarat” con la participación entusiasta de todos los presentes. La noche finaliza con baile de parejas.

Ahora que lo pienso, en Aguitap nadie ha puesto la tele para celebrar las campanadas a medianoche. Uno tira petardos, cena y tira petardos. Y punto. Bien, también bebe whisky y brandy Emperador. El momento exacto del inicio del año vete a saber cuando ha sido… La tele se usa por otra cosa.

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados

(Capítulo 29 de un total de 44 capítulos del libro, que publicaré hasta principios de enero de 2012)

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Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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