Capítulo 23: Visita a la ginecóloga

Luz, recordémoslo, ya está embarazada en este viaje y la noticia es oficial. Aparte de preguntarnos cuántos hijos vamos a tener (se espera una cifra alta, no nos engañemos), aquí todo el mundo tiene consejos para dar a la futura mamá. Uno es que se tendría que tomar una pastilla. No recuerdo su nombre pero se ve que ayuda a «fijar» el embrión en el útero de la madre y lo protege de sacudidas. Muchas filipinas la toman. Puede parecer una tontería pero si uno conoce los medios de transporte filipinos y el estado de algunas carreteras no lo es tanto. Hay que ingerir el medicamento antes de subir a un jeepney.

Luz quiere ir a visitar a una ginecóloga filipina. No es que esté descontenta con nuestro ginecólogo de Sabadell, claro, pero tiene unas consultas que hacerle en relación a las especificidades culturales, por así decirlo. La ginecóloga se llama P. y es muy simpática. Es la misma que tiene Didith. Está muy satisfecha: la prueba es que, como ha venido con nosotros a la consulta, ha aprovechado para llevarle un pequeño obsequio. Es un abanico y en el envoltorio ha escrito «from Mikaela». Después le pide hacerse una foto juntas como recuerdo.

P. tiene una larga lista de pacientes fieles y entusiastas. Alma, por ejemplo, también se visita con ella y destaca que, además de buena profesional, es «la más barata». Tiene razón. Al final de la consulta nos pedirá sólo 150 Php (¡¡2,3 euros!!), cuando el mínimo estipulado para cualquier consulta es, según parece, de 300 o 350 Php (en torno a 5 euros).

La consulta no está muy lejos del restaurante Chow King. El acceso tiene un cierto aire de clandestinidad porque tenemos que pasar frente a un taller y subir unas escaleras estrechas de madera hasta el primer piso donde, ahora sí, la cosa ya se parece más a la consulta de un médico. Una placa y unos títulos colgados en la pared me tranquilizan. Tres mujeres más esperan en la sala.

– Esa pastilla para fijar el feto.. -interviene Luz- ¿es recomendable que me la tome? Una amiga me ha dicho que todas las embarazadas la toman…
– En Filipinas sí que se usa porque aquí los medios de transporte pueden afectar… Tomas una pastilla una hora antes de coger un jeepney o un tricycle. El efecto dura unas seis horas.
– Y no tiene ninguna contraindicación, ¿no?
– No, ninguna, y reduce el peligro de desprendimiento.
– ¿Y vitaminas? ¿Tengo que tomarme un suplemento?
– En Filipinas sí, porque aquí la dieta no es muy equilibrada. Se come un exceso de hidratos de carbono, por ejemplo.
– ¿Hay alguna probabilidad de Síndrome de Down? – continúa preguntando Luz. Nuestro ginecólogo ya nos informó sobre el tema y, dado el poco riesgo existente que se desprendía de los análisis, decidimos no realizar la prueba de la amniocentesis.
– Todo está a correcto -tranquiliza nuevamente la doctora-. Además, en Filipinas es muy raro que nazcan bebés con Síndrome de Down.
Me ha sorprendido este último argumento… pero al fin sacamos el tema de la prueba de la amniocentesis. La médico, no obstante, cierra inmediatamente la cuestión de forma inapelable:
– Aquí en Filipinas el aborto es ilegal, así que someterse a la prueba de la amniocentesis no tiene ningún sentido [utiliza el término en inglés «nonsense», es decir, una tontería].

Lleva toda la razón.

 

 

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados

(Capítulo 23 de un total de 44 capítulos del libro, que publicaré hasta principios de enero de 2012)

Acerca de Carles Cascón

Periodista i fotògraf de Sabadell (Barcelona)
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