Capítulo 17: Petardos

Durante las fiestas de Navidad los filipinos tiran petardos. El punto culminante es la noche de Fin de Año, en la que, además de los fuegos artificiales, es tradición hacer una gran cacerolada para alejar a los malos augurios. Por eso los coches salen a la calle arrastrando con gran alboroto latas, trozos de tejados chapa o cualquier otro objeto potencialmente ruidoso atado al guardabarros.

En mi primera Navidad no pude librarme de participar en la Misa de Gallo y resultaba curioso oír de fondo las explosiones mientras el cura iba a su rollo. Algunas frases quedaban engullidas por el estruendo de los petardos más próximos, cosa que daba la sensación de vivir un asedio en plena guerra, implorando precipitadamente la salvación de nuestras almas justo antes de caer la última bomba, la definitiva, sobre nuestras cabezas.

Cuando un filipino vive por primera vez un San Juan en Catalunya siempre exclama, con nostalgia y emoción: ¡»Oh, parece Fin de Año»!

1.- Los petardos provocan cada año una auténtica carnicería, de la cual se ocupa el 90 por ciento del Telediario filipino del día 1 de enero, reconvertido en «Noche de Impacto» pero en versión filipina y «gore». Por culpa de la ignorancia, la imprudencia y los vendedores ilegales, cada año los petardos provocan miles de heridas, amputaciones y accidentes de diversa consideración. Pura estadística, no es ninguna sorpresa.

Recupero un fragmento de mi diario de viaje de las primeras Navidades en Aguitap: “La televisión muestra a los heridos gimiendo en los pasillos de los hospitales o en pleno trabajo del cirujano tratando de poner en su sitio los trozos de carne desmenuzados. Primer plano de dedos dentro de una bolsa de plástico. Primer plano de una mano medio colgante. Primer plano de un ojo reventado por un cohete. La pantalla se mancha de sangre. No puedo soportar la escena».

2.- Cada año los policías se sumaban eufóricamente a los fuegos artificiales con sus pistolas de forma voluntariosa y participativa. Pero el Gobierno lo prohibió porque algunas balas perdidas tenían efectos colaterales. Edición del 2 de enero del Manila Bulletin: cuatro policías arrrestados por infringir la prohibición. Y es que hay una verdadera pasión por el ruido. En la tele salió un tipo que se había fabricado un cañón y lo disparaba en la calle tranquilamente y se lo pasaba muy bien. Nota importante a destacar: no apuntaba al cielo, como sería de suponer.

3.- Lo que hace furor este año son unos bazokas de PVC de fabricación casera. En la televisión y en todas partes han intensificado una campaña en contra de estos artilugios porque son muy peligrosos. Popularmente se les conoce como «boga».

– Pero … ¿es legal, eso? – pregunto al ver en televisión estos fusiles de Rambo. Dicen que los hospitales ya se preparan para las numerosas visitas que saben que recibirán en estas fechas.

– In New Year everything becomes legal- me contesta una chica que está en casa de visita. Ni ha levantado los ojos de su móvil.

El Boga, el bazoka de PVC

Un «boga» es una metralleta o escopeta de juguete a la cual pegan por la parte de arriba un tubo de PVC con un cable conectado al percutor del arma. Rocían con alcohol desnaturalizado el interior del tubo y lo tapan. Lo agitan un poco con un suave balanceo a ambos lados y disparan hacia el cielo. ¡Puuuum! Si lo hacen bien, la explosión puede ser considerable. A veces falla y queda amortiguado, sin embargo. Como es casero, es imprevisible. Por suerte sólo hace ruido. En principio…

El invento no es nuevo pero este año parece que la policía actúa con más contundencia y ya ha requisado decenas de PVC por todo el país. En Aguitap, por lo que veo, ni uno solo. De vez en cuando me encuentro grupos de jóvenes que se están fabricando sofisticados PVCs y los prueban. De lejos parecen guerrilleros de los separatistas musulmanes de Mindanao preparando su arsenal.

Algunos niños de 12 o 13 años, quizás menos, ni se toman la molestia de enganchar el tubo sobre un fusil: se atreven a acercar una llama de encendedor al tubo impregnado de alcohol y… ¡pam! Es la versión filipina del trueno de mecha. Y basta un envase de limpia-cristales vacío y llenarlo de alcohol para rociar el cañón trucado.

Según recoge en portada The Philippine Star el 28 de diciembre, el auge increíble del «boga» ya está matando, para empezar… la industria pirotécnica local. Los fabricantes de la zona de Bulacan ya se quejan del significativo descenso de ventas por culpa de esta competencia improvisada y barata (se venden los bogas a un precio de entre 300 y 500 Php). En cambio, se ha registrado una increíble subida de las ventas de alcohol desnaturalizado y de los mecheros usados para los camping-gas.

4.- Pero éste no es el único problema relacionado con los fuegos artificiales. En la misma portada del The Philippine Star se recogen unas declaraciones de la presidenta Gloria Macapagal Arroyo instando a la policía a detener la venta de petardos prohibidos por su peligrosidad o porque no cumplen las normas de seguridad: el día de Navidad una explosión mató a 25 personas en el interior de unos grandes almacenes en Ormoc City, en Leyte.

Repito: 25 personas muertas.

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados

(Capítulo 17 de un total de 44 capítulos del libro, que publicaré hasta principios de enero de 2012)

Acerca de Carles Cascón

Periodista i fotògraf de Sabadell (Barcelona)
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