Capítulo 12: Llegada a Aguitap y Nochebuena

 

Aterrizamos en Laoag con la emoción a flor de piel. Esta vez nos vienen a buscar los familiares con el coche de un vecino, así que, a parte de la alegría del encuentro, nos llevan directamente al pueblo y nos ahorramos el cansancio y la lentitud del transporte público. Parece que este año nos viene todo en cara.

 

Los recibimientos y las despedidas en Filipinas son espectaculares. Bien, más concretamente en Ilocos Norte, donde, a diferencia de Manila, aún se mantienen las costumbres y se vive al ritmo que marca el campo. Los campos de arroz. Allí lo llaman vivir en la «provinsia» (sic.), que es como decir vivir en el pueblo (no tiene nada que ver con nuestra provincia). Lejos del estrés de la megápolis, aquí se vive con austeridad pero con tranquilidad, con tiempo para las relaciones familiares, las visitas, las celebraciones. De hecho, pocas alternativas de ocio hay.

 

Es normal que vengan a recibirte decenas de familiares y que el día de tu despedida medio pueblo pase a desearte un “happy trip”  y te diga adiós con la mano mientras te alejas con el coche. ¡«Vuelve pronto! ¡No te olvidaremos!», te gritan, y a tí te cuesta reprimir una lagrimita.

 

De camino hacia Aguitap con el coche hasta arriba de maletas y de filipinos acogedores y sonrientes, observamos las decoraciones de Navidad que brillan de noche en las plazas de los pequeños municipios que cruzamos. Claro, hoy es «Nochebuena», palabra también integrada plenamente al tagalo. Hoy día sólo una minoría de abuelos hablan con cierta fluidez el español pero el antiguo idioma colonial ha enriquecido el tagalo con muchas palabras de uso cotidiano: baso, silla, mesa, tinidor, cutsillo, trabajo…

 

Muchas casas han colgado sus «parols», que aportan una bonita luz encarnada o verde a la plácida oscuridad. Veo belenes gigantes en algunas rotondas y es inevitable pensar en el rastro dejado por la colonización española y su ejército de frailes evangelizadores. Las iglesias edificadas entonces, con sus campanarios («bell towers»), todo un símbolo de la política de asimilación «bajo las campanas», son ahora monumento histórico, como la de Laoag, que se va hundiendo progresivamente debido a problemas con los cimientos. Una versión filipina, a menor escala, de la Torre de Pisa.

 Tierra de Ferdinand Marcos

En esta región más bien llana, dominada por los campos de arroz, donde vienen los turistas taiwaneses a gastarse el dinero en el casino de Fort Ilocandia, y donde todavía se puede pasear en «calesas» tiradas por caballos (heredadas de los españoles) por las calles de adoquines de Vigan, pasó su infancia el ex-dictador Ferdinand Marcos. Así que se fundó un museo dedicado a su persona y su familia en la misma casa donde vivió, en Batac. Allí está, supuestamente, el cuerpo embalsamado de Marcos, aunque el efecto de luz sobre su cara rígida hace sospechar más bien en una imitación de cera o plástico. Una protección de cristal y el aire acondicionado preservan su buen aspecto.

La visita al Marcos Museum figura en la lista de «Tour highlights» que recoge un folleto acabado de editar por el Gobierno para promover esta tierra en el plano turístico, nacional e internacional. Cojo un ejemplar porque quiero leer el resumen histórico que incluye. Según se explica en éste, «mucho antes» de que llegaran los españoles hacia el año 1572, mercaderes chinos y japoneses ya venían por aquí atraídos por las minas de oro. Después, el afán expansivo de los conquistadores hispánicos trajo desde Manila, recorriendo la costa, a ocho barcos armados liderados por Juan de Salcedo, nieto de Miguel López de Legazpi. Sólo tenía 22 años pero no le faltaba espíritu viajero y conquistador.

 

Al ver que muchos nativos vivían en unas cuevas llamadas «locs», los españoles bautizaron la región como Ilocos, dividida actualmente en Ilocos Norte e Ilocos Sur. Pero la colonización española «nunca fue del todo exitosa», remarca el escrito. Y es que «debido a las prácticas abusivas de muchos frailes agustinos», muchos ilocanos se sublevaron contra los colonizadores. Algunas de las más destacadas fueron las revueltas de Dingras (1589) y de Pedro Almasan en San Nicolás (1660), seguidas de batallas de liberación dirigidas por Diego Silang (muerto de un disparo) y su mujer Gabriela (capturada más tarde y colgada).

 

Aglipay y la Aglipayan Church

Pero uno de los personajes históricos de la región es Gregorio Aglipay, nacido en Batac en 1860. Formado en el Colegio de San Juan de Letran y posteriormente en la católica Universidad de Santo Tomás -la más antigua del país y una de las mayores del mundo, fundada por los dominicos en 1611-, fue ordenado sacerdote pero su relación con los españoles no fue precisamente de cooperación. Aglipay, que con 14 años ya había sido detenido para no pagar los réditos de los campos de tabaco a la autoridad española, se puso finalmente del lado de las fuerzas revolucionarias de Emilio Aguinaldo e instigó la revuelta contra los colonos y su explotación de los trabajadores agrícolas. El Vaticano no tardó en excomulgarlo, lógicamente, y de ahí sale la fundación de la Iglesia Filipina Independiente (1902), conocida después también como la Aglipayan Church.

 

Cuatro siglos y medio más tarde, un buen grupo de filipinos que ya forman parte de mi familia me reciben a mí en esta tierra con los brazos abiertos y la alegría por celebrar la «Nochebuena». La madre, el padre, la hermana y la sobrina de Luz, además de primos, tíos y vecinos, nos dispensan un cálido recibimiento en la casa de Aguitap y más tarde, hacia la medianoche (Luz tenía razón) nos sentaremos a la mesa para picar un poco de pollo, sopa de pasta, pescado, «lumpia» (rollitos de carne) y, de postre, «leche flan» (flan con leche condensada). En fin, un batiburrillo al más puro estilo filipino.

 

Suena un videoke no muy lejos de allí. Abrimos algún regalo (una foto enmarcada, un álbum de fotos…) y, de momento, poca cosa más. El pueblo parece tranquilo. El cansancio empieza a hacer mella en nosotros.

 

Merry Christmas.

 

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados

 

(Capítulo 12 de un total de 45 capítulos del libro, que publicaré hasta principios de enero de 2012)
Próximas entregas: «Vida familiar» y «Misa before the Nochebuena«

Acerca de Carles Cascón

Periodista i fotògraf de Sabadell (Barcelona)
Esta entrada fue publicada en Aguitap, Filipinas, Ilocos Norte y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s