Capítulo 10: Hacia el pueblo, por fin

El sábado, 24 de diciembre, a primera hora de la tarde, salimos de la terminal C2 del Ninoy Aquino International Airport de Manila con destino a Laoag, en la provincia de Ilocos Norte, en el vuelo 228 de Philippine Airlines. Será una horita de avión. A Luz le llama vivamente la atención un reportaje sobre el Mall of Asia que publica la revista «Mabuhay», editada por la compañía aérea y distribuida gratuitamente a los pasajeros. Abre los ojos como platos y empieza a darme las cifras astronómicas de lo que es, según parece, el mayor centro comercial de Filipinas y quién sabe si también del mundo. Lo inauguraron en Manila hace sólo unos meses y a ella ya le habían llegado algunas voces al respecto, claro está. Este tipo de noticias vuelan.

Mall of Asia

Según leo, en el Mall of Asia hay 600 tiendas, 150 restaurantes, 5.000 plazas de aparcamiento, un cine IMAX con pantalla de 22×30 metros y… ¡una pista de patinaje de hielo de medida olímpica! Todo eso, y mucho más, en una superficie de 19,5 hectáreas.

– ¡Cuando volvamos a Manila tenemos que ir a verlo! -me dice Luz con el semblante iluminado por la emoción.

Sigo leyendo. Se ve que la apertura del Mall of Asia ha sido un acontecimiento con carácter de récord. Los centros comerciales más grandes y populares del país son los de la cadena Shoemart, más conocidos por sus siglas, SM (que se podría interpretar como Super Mega-Mall). El SM Megamall inaugurado en Manila el año 1991 se convirtió entonces en el mayor. Desde mayo de 2006, sin embargo, este SM Mall of Asia ha pasado a ser, junto con los SM 3º y 5º, «el mayor del mundo según el Eastern Connecticut State University». Si lo dicen los americanos, debe ser verdad. En cuestión de tamaños hay que reconocer que allí son unos entendidos.

Siempre según la revista, todo eso «atrae a muchos turistas». Pero da la clave, también, del éxito a nivel local: «The Mall of Asia is far from just being a Mall, it’s an extension of the Filipino home (sic.) for the rest of the world to see and visit». Eso de ser «una extensión del hogar filipino» puede explicar, en efecto, que pasen allí tantas horas. También es verdad que, una vez dentro, se tarda mucho rato en encontrar la salida.

 

Nos ofrecen una comida en el avión y la iba a rechazar porque no tengo hambre pero Luz me da un consejo:

– Come, hoy no cenamos hasta las doce.

– ¿Hasta las doce? ¡Ostras, es verdad! Hoy es Nochebuena, ya ni me acordaba.

 ¡Mabuhay!

«Mabuhay». Bienvenidos, pienso yo. En realidad, «mabuhay» es una palabra tagalo de significado muy amplio. Puede ser un equivalente del «welcome» que utilizan en inglés pero, según precisa la revista de Philippine Airlines, “es un verbo filipino en forma de petición: «¡Vive!» También es un deseo: «¡Viva!» Sea quien sea el que lo dice, te desea el regalo de una vida larga y plena. Es a la vez una bendición y un fuerte aplauso. Mabuhay es una palabra tan amplia que propicia una gran variedad de usos secundarios: bienvenido, felicidades, gracias, hola, buena suerte, salud … (…) En otras palabras, es una invocación y una celebración de la propia vida».

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados

 

(Capítulo 10 de un total de 45 capítulos del libro, que publicaré hasta principios de enero de 2012)
Próximas entregas: «Cuatro meses de Navidad» y «Llegada a Aguitap«

Acerca de Carles Cascón

Periodista i fotògraf de Sabadell (Barcelona)
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