Capítulo 2: El equipaje

1.- Cuando viajas a Filipinas -acompañado de tu mujer filipina, se entiende- tienes que facturar bolsas inmensas de 20 quilos llenas de decenas de pequeños regalos que cuestan entre uno y dos euros cada uno. El equipaje de mano también es considerablemente grande debido a esta costumbre destinada a cumplir con la obligación familiar de mostrar nuestra estimación a cada uno de nuestros parientes con un detalle.

Todos los regalitos van muy bien envueltos y llevan el nombre del destinatario y el remitente (es importante que quede claro quién hace el regalo). Una fórmula muy apropiada es escribir en una pegatina blanca la frase “From… to…” En el primer espacio escribes tu nombre y en el segundo el nombre de la persona beneficiaria del presente. Gastas casi más en papel que en regalos para toda la familia, los arrastras como puedes por medio planeta (tu “hand luggage” pesa tanto que tienes que llevarlo en un carrito) y, tan pronto como llegas a Manila, descubres que podías haber comprado muchas cosas en Filipinas por la mitad de precio.

Por todo ello, en el momento de buscar un billete de avión hay dos cuestiones primordiales para un filipino:

a) ¿Cuántos quilos permiten llevar por persona?

b) ¿Cuánto hay que pagar por cada quilo de “excess baggage”?
El día y la hora de salida de los vuelos, el tiempo de espera en las conexiones, la categoría de la compañía, la duración total del trayecto o la hora de llegada a destino son aspectos que parecen totalmente irrelevantes a la hora de adquirir un pasaje Barcelona-Manila. La pregunta que siempre se repite es: “¿Cuántos quilos?” Menos de 40 quilos por persona se considera una tomadura de pelo, una estafa, una injusticia. En cambio, si llegas a casa con una reserva de vuelo con esta cifra, 80 kilos en total para dos personas, automáticamente se dibujará una sonrisa de oreja a oreja en el rostro de tu mujer. No te hará falta nada más para convencerla. La habrás hecho feliz.

2.- Tú estás angustiado porque no sabes cómo sacarás tantos quilos del aeropuerto de Manila tú solito. Tranquilo, que en Manila no estarás nunca solo. Aparecerá algún tío o primo con un vehículo, se llevará la bolsa con los regalos a algún lugar desconocido y, cuando tú llegues a Aguitap después de 13 horas de autocar, 45 minutos de jeepney y un cuarto de hora de tricycle, la bolsa estará mágicamente en casa de tus suegros. ¿Cómo lo han hecho? Misterio.

Y, ahora que nos desplazamos hasta la provincia en avión con una compañía nacional (Philippine Airlines o Cebu Pacific), es muy importante saber también su tarifa del “excess baggage”. Luz ha llamado a Didith para preguntárselo y le ha dicho que son 30 pesos por cada quilo de más (unos 50 céntimos de euro). Ella desconfía. “No puede ser, es muy poco”, dice, frunciendo el ceño.
¿Por qué es importante saberlo exactamente? Pues porque sabe que, si moviliza una tía hasta Manila para buscar una caja, lógicamente se espera que le pague el viaje a la tía en cuestión (que irá en autocar) más alguna cantidad extra para los gastos. Intuyo que debe calcular qué le sale más a cuenta: pagar el exceso de equipaje y llevarlo todo en el avión o financiar el viaje de su tía por carretera.

Y yo me pregunto: pero… ¿¡¿¡¿CUÁNTOS QUILOS DE MÁS PIENSA LLEVAR?!?!?

3.- Los regalos especiales. Por un regalo especial se entiende algo que a la familia de tu mujer le haga especialmente falta. Algún aparato que sea muy necesario y que no se pueda encontrar en Filipinas, se supone. Aquel año, eso será una prioridad y se preparará con mucho esmero, ya que en el pueblo lo estarán esperando. Si es de una marca española y no es “Made in China”, mejor que mejor.

En nuestro primer viaje que hicimos juntos a Filipinas ese regalo especial era un microondas. Luz todavía vivía en Madrid, así que fue al Corte Inglés a comprar uno. Por alguna razón que nunca he llegado a entender, dio la dirección de una amiga suya, Marisa, a El Corte Inglés, para que llevaran allí el microondas. Marisa no vive exactamente en Madrid sino en Pozuelo de Alarcón. De allí tuvieron que llevar el aparato al piso de Luz, en la calle Clara del Rey (metro Cartagena). Entonces me comunicaron que yo sería el encargado de llevar este regalo a Manila. Yo salía desde Barcelona, solo, así que, en una visita de fin de semana a Madrid me lo endosaron y me tocó arrastrarlo con una carretilla hasta Barajas, facturarlo y llevármelo a casa desde el aeropuerto del Prat.

– Pero… ¿es que no hay microondas en Filipinas? ¿No lo podemos comprar allí mismo cuando lleguemos?

Cuando te dan un tenso silencio por respuesta es que no hay que volver a preguntar según qué cosas.

El regalo especial de estas Navidades es una nevera (en principio).

© Texto y fotos de Carles Cascón. Todos los derechos reservados.

(Capítulo 2 de un total de 45 capítulos del libro, que publicaré hasta principios de enero de 2012)

Próximas entregas: “Empaquetando en Madrid” y “Barajas, adiós a la baguette

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Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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